martes, 18 de agosto de 2009

Chico Tóxico

Quienes de verdad lo amamos lo llamamos siempre Max.
Chico Tóxico, en cambio, lo apodan los demás.


Inhalaba Chico Tóxico humo, asbestos y amoniaco.
Para él era oxígeno todo lo cancerígeno.
Su juguete favorito era un bote de aerosol
que disparaba solito todo el día, de sol a sol.


Se levantaba aún de noche a esperar en la cochera
a que el motor se encendiera y, tras carrasperar, el coche
lo maquillara - muy mono - con dióxido de carbono.


Una sola vez lloró, mas no por tristeza ni odio;
es que en los ojos le entró algún cloruro de sodio.


Por darle algo de aire cálido lo sacaron al jardín.
Se puso al instante pálido y tieso como espadín.


Tieso y duro, si, muy duro. Pues ¿quién podría colegir
que uno pudiera morir de respirar aire puro?


Voló su alma en pos del trono celestial del Señor.
Pero abriendo un gran agujero allá en la capa de ozono.



Encantado de conocerte. Soy ChicoTóxico.


Esta historia y muchas más las encontrarás en el (recomendable) libro de Tim Burton titulado
"La Meláncolica Muerte de Chico Ostra"

1 comentarios:

Lleonard Pler dijo...

:)

A mí me encantaba el cuento de las cerillas... Y el que tiene clavos en los ojos y no puede ni montar un árbol de navidad bonito.